Alfonsina se ahogó en el mar

Ahora escucho solamente lo que me dice a través de las olas de luz, violencia y a veces esperanza...

22 de diciembre de 2009

Plazas ¿eran las de antes?

De repente un día decidí mejorar mi calidad de vida y empecé a salir a correr a la plaza San Martín con unos amigos. Quienes me conocen sabrán entender la magnitud de tal decisión: nunca me gustó la gimnasia, incluso en jardín de infantes me torcí el cuello haciendo el rol (saquen ustedes conclusiones). Jamás fui constante en los emprendimientos físicos que muchos trataron de inculcarme, entre ellos mis viejos, quienes invirtieron en un palo de jockey, canilleras, uniforme para el supuesto equipo del club, el que abandoné a las dos semanas.

Es así, la gimnasia y yo nunca fuimos buenos compañeros. Soy la única persona que se esguinzó la mano derecha dos años consecutivos, primero con la pelota de voley en un trunco partido en segundo año de la secundaria; y después con la pelota de cesto, cuando ni siquiera estaba jugando.
Podría cubrir el vidrio de mi ventana con los carnets de diferentes gimnasios a los cuales mis amigas me "incentivaban" a concurrir, pero que de una u otra manera terminé dejando (vale aclarar que junto con muchas de ellas).
A lo largo de estos años, de vez en cuando pretendía "salir a caminar", pero a los tres días terminaba convirtiéndose en un paseo para fumar un pucho y tomar una gaseosa.
Teniendo en cuenta mi total desamor hacia el arte gimnástico, que yo decidiera salir a correr con amigos que, dicho sea de paso, de verdad hacen gimnasia (o sea que de zafar no había posibilidad) fue un gran paso para un cambio de mentalidad.

Cuando le comenté de mi férrea determinación a Mel, un gran amigo y blogger, se mostró totalmente indignado. No porque yo hiciera gimnasia, sino por el lugar: la plaza San Martín.
- "Hace unos años era un lugar para ir en pareja y chamuyar, pero ahora... está lleno de gente sudada y uno tiene que ver a las gordas en calza corriendo por la vereda... si pudiera iría con una ametralladora y los mataría a todos esos desgraciados..."

Después de tamañas declaraciones (y habiendo aclarado que yo me salvaría del asesinato masivo), volví a la plaza con la mirada de Mel pero no pude imaginarmela de otra manera. Aunque para algunos haya perdido esa magia `romántica´, la plaza respira y vive a través todo el que la rodea. Encontré en este lugar una paz interna que fluye por el suelo, los árboles y el aire, mas alla de ese movimiento de gente que la acompaña. Tanto así que sigo yendo a correr cuando ya mis amigos desistieron desde hace varias semanas.

De vez en cuando parece que uno puede reconciliarse con aquellas cosas que pensaba que jamás podría o volvería a hacer.


13 de diciembre de 2009

Entrevista con el vampiro

- "Dra. Alfonsina, estoy abajo, la espero para que vayamos al IPLA"


La llamada la recibió un jueves a la mañana. Bajando del cuarto piso, en el preciso instante en que el ascensor cierra y abre sus puertas, pensaba en cómo llegó a esta situación. Es cierto que 'inocente hasta que se pruebe lo contrario' es un principio constitucional. Pero no había nada de inocencia en el señor que la esperaba en la puerta del edificio.  
Subieron al auto, y en ese breve trayecto hasta destino tuvieron lo que puede llamarse una conversación intrascendente, o al menos así lo era para el interlocutor, que insistía en su derecho a trabajar y ejercer el comercio:


- "Me cerraron el negocio hace tres semanas, y estoy perdiendo plata. El IPLA no puede abusar tanto de nosotros, somos laburantes, trabajadores, hace años que tengo este bar..."


Ella le hubiera dado la razón, si se tratara simplemente de un bar. Al parecer, él se dio cuenta y acto seguido manifestó:


-"Mire, no es cierto eso que dicen ahí, que a las chicas las prepiamos para que estén trabajando. Ellas quieren, vienen y piden trabajo. Y yo no les puedo decir que no, menos teniendo el lugar. A las chicas nadie las obliga, ni se las multa y si quieren faltan, es así . . ."


Alfonsina supo desde una comienzo que para ser penalista tenía que entrar a un mundo diferente, oscuro y totalmente ilógico. Y este señor era un clásico especímen de aquel universo. De estatura mediana, de unos 35 años y vestido con la mejor ropa, administraba varios locales que el llama "nocturnos" en la zona del Bajo de San Miguel de Tucumán.


-"A las habitaciones ya las separé con una pared, y le puse una puerta con llave. Así que me tienen que habilitar el bar. Estoy perdiendo los clientes, hasta los habituales se me están yendo con la competencia..."


A semejante afirmación, Alfonsina no tuvo que replicarle. Llegando al edificio del IPLA, se encontró con un hombre encadenado en la rampa vociferando a gritos: ´Tengo la prueba filmada, son todos unos corruptos!´


- "Si no me habilitan el negocio voy a terminar encadenándome también", aseguró con indignación.


Imaginando esa instancia, Alfonsina optó por el humor ennegrecido y simplemente sonrió. La idea de que el dueño de un prostíbulo se encadene para que levanten la clausura del negocio no solo le pareció patética, sino que también posible viviendo en esta ciudad.


- "Y sí -le dijo- los titulares de los diarios serían interesantes." 

Nota de la E: A raiz de las denuncias realizadas por la Fundación María de los Angeles, se allanaron y clausuraron diversos prostíbulos en San Miguel de Tucumán. Sin embargo, legalmente, el funcionamiento de los mismos no se encuentra prohibido por ninguna ley nacional o provincial (existe una ley que invoca la Fundación, pero que nunca tuvo operatividad) . Estos locales se encuentran habilitados en base a una ordenanza municipal, por lo cual están categorizados y empadronados en la DIPSA, es decir, que pagan los tributos correspondientes y son inspeccionados semanalmente por inspectores municipales, que firman libros de actas manifestando que no se constata ninguna violación a las ordenanzas municipales.


La categorización puede ser como bar, wiskería y/o cabaret, esta categoría abona un canon menor que el hotel alojamiento. La clausura de los "bares" se produjo porque la mayoría tiene, además del local de venta de bebidas, habitaciones; y se los intima a empadronarse como hoteles alojamiento. O sea, que en cuanto tengan esta categoría, el funcionamiento volverá a ser el de antes. Un dato curioso es que existe la figura de la "fonda", como las del lejano oeste o de la serie original del Zorro, que involucra además del bar, hasta cuatro habitaciones. Esta figura tributa mucho menos que la de un hotel, y -dicho sea de paso- será la figura en la que estos "bares" se amparen para continuar con el ejercicio del comercio en toda su plenitud.
Para que algunos entiendan, no todo lo juridicamente correcto es moralmente bueno. Y desde mi punto de vista, sin justicia no hay derecho.

7 de diciembre de 2009

WAKE ME UP WHEN DECEMBER ENDS

De repente amaneció diciembre. Hoy me anoticié -sí, un poco retrasada- de que este mes infame arribó al ocaso de mi 2.009 agonizante, del que si se va no voy a extrañarlo. Algunos meses del año son los más esperados, otros los más resentidos para el hombre común. No sé que decir de diciembre. Para mi, es una especie de amigo de la familia, ese amigo inoportuno, a veces molesto, que llega cuando uno no lo espera y quiere dedicarse a otros menesteres, más que sentarse a cebarle mates y escuchar sus delirios sobre la vida.

Diciembre me sabe a final, tiene ese gusto agridulce a todo lo que logré pero también a lo que quedó atrás, lo irrecuperable. Diciembre me habla de balances, de pros y contras, de metas futuras, de proyectos existenciales. Siendo amigo de la familia, se siente en confianza como para sacar a relucir esos temas incómodos, como qué tenés pensado hacer para ganar más plata, cuándo vas a tener hijos, o te vas a casar, o si estás de acuerdo o no con la repartición que hizo el abuelo de la herencia y un montón de idioteces asemejadas, diversas y parecidas a ésta.

Diciembre me hunde en un sopor nostálgico, patético, muy poco lúcido. Quedo sin capacidad de nada más que una apática contemplación del transcurso del tiempo. Demasiada pólvora en el aire y revoluciones internas. Wake me up when december ends.

12 de noviembre de 2009

Eres lo que escribes, escribes lo que eres . . .

"Quienes tienen la paciencia de frecuentarme dicen que desde mediados del año pasado ando enajenado, ausente, ensimismado, como si en todo momento alguien me estuviera tirando invisiblemente de la manga para llamarme la atención sobre alguna cosa ignota que sucede en un plano que no se puede percibir. A veces me disculpo y salgo de ese estado para atender mis asuntos; luego regreso a la catalepsia . . . Señores, lo que ocurre es que estoy escribiendo, y entonces todo pasa a segundo plano . . ."

Félix Luna escribió esto en algún momento de su vida, ahora (de eso estoy segura) andará rondando los valles de aquellos segundos y terceros planos, en donde se fundió su vida con la escritura, y se convirtió en Roca, San Martín o Rosas.

Para alguien que escribe, aún cuando no lo haga profesionalmente -como es mi caso-, sentirse identificado de alguna manera con Félix resulta inevitable. Porque he estado en ese estado de irrealidad casi febril y constante que no se acaba hasta que la pieza está completa. No concibo la vida sin una hoja y un lápiz; toda mi vida escribí, como si fuera requisito indispensable para entender, para sentir . . .
Hay una explosión interna que enciende, que arde, que consume y que no puede extinguirse hasta que no se plasma en aquella hoja, sin interesar el día, la hora o el lugar. Creo que escribir siempre ha sido mi adicción incurable, la necesidad más arraigada que poseo y de la cual no reniego -a veces- y por la cual en ocasiones muero -demasiadas-; algunos dirán que no es sólo escribir sino lo que se escribe, yo diría que es aquello que se siente, que se vive cuando uno empuña un lápiz y traduce esas maquinaciones disparatadas de la mente en una hoja en blanco. Entonces,de repente, todo tiene sentido. Hasta lo que nunca tuvo sentido.
En ese estado de la cuestión me resulta difícil discernir si la pasión que me consume es la escritura, es el objeto de mi pensamiento o algún tipo de locura indescifrable que amenaza con perderme de una vez por todas.

Nunca lo había pensado. Y ahora que lo escribo todo tiene sentido. Aún cuando no quede claro para nadie, menos para mi. Al menos Félix, desde algún lugar del universo, puede entenderlo.

31 de octubre de 2009

Y llevas el caño a tu sien...



Para Iván ese 1.983 se deshacía en el aire, se arrastraba sangriento quitándole la juventud, el divino tesoro. Tenía sólo 15 años. Se encerró en el despacho y apretando el gatillo terminó con la incertidumbre.  Esa muerte que vivía en él hacía demasiado tiempo llegó para encontrarlo. O mejor dicho, él decidió mirarla a los ojos.

Hace una semana leí su historia en La Gaceta Literaria. Iván (foto), hijo del ex diplomático, periodista y escritor argentino Abel Posse, vivía en un mundo de facilidades económicas, viajes costosos y educación privilegiada. Con esto no quiero decir que su vida haya sido fácil; de hecho, no conozco de cerca su historia ni a su familia. En palabras de su padre "se había transformado en un Trotsky infantil, en el jefe de una pequeña banda a cuyos miembros les decía que no debían ingresar en la sociedad y que la adolescencia era el único momento en que podían evitar quedar atrapados. Iván pensaba que la adultez era el fin."

El escritor decidió hacer pública la historia de su hijo después de 26 años. Para él Occidente transformó la muerte en un episodio antinatural, a diferencia del nacimiento: "por eso nos sorprende, nos espanta, nos parece ilegítima y nos impulsa  a la queja, al llanto."
Me impactó su visión acerca de la muerte. En nuestros momentos oscuros, todos y cada uno de nosotros hemos pensado en ella. En la dama oscura, en su silencio y en la finalidad de esta existencia. Quizás para saber si viene algo después, para estar seguros. O sólo para terminar con ese peso invisible y ciertamente doloroso de algunas realidades.

Sin embargo, es muy difícil entender a aquellos que deciden morir. Quienes traspasan los límites de las muertes cotidianas, de los demonios internos y apagan el interruptor. Y no es que pretenda con este post entenderlos, juzgarlos, justificarlos o condenarlos. Tal vez para ellos la muerte no sea un quiebre sino el paso lógico, único, auténtico hacia el que se dirige nuestra esencia.
Hace aproximadamente un año, Francisco, de 16 años, amaneció ahorcado con una sábana en una de las comisarías tucumanas. Vivía al frente de mi casa, y en cuando era pendejo jugaba a los power rangers en mi vereda, con uno de mis hermanos. Con el tiempo la pobreza, los golpes, la droga, la vida... y finalmente ella, la oscuridad. O la luz.

Me pregunto si Francisco sentía lo mismo que Iván escribió días antes de su muerte:

"Me voy a suicidar. Yo soy un privilegiado, me dicen. Pero no quiero saber nada de las malditas responsabilidades de prepararse para el futuro. Un solo instante de opresión o de tristeza echa a perder el sentido de la existencia. Los padres nos meten de cabeza en la educación. Es con la educación que nos hacen la faena de nuestra muerte moral. Maravilla de volver a la tierra. Rehacer el ciclo orgánico sumergiéndose en la maravilla de la no existencia. De la silenciosa y noble nada elevada sobre ese hormigueo febril y vano llamado vida..."

18 de octubre de 2009

¿Y quién es el hombre de la calle?

En mi paso por el periodismo entendí que uno de los desafíos de quien escribe en un diario es llegar, justamente, al hombre de la calle. Las notas tienen que reflejar el sentimiento popular de Doña Rosa, Don Pepe, Doña Casimira... ellos tienen que sentirse identificados y verse reflejados en esa realidad.
Allá, por 1.950, el Gabo García Marquez escribía:

"El hombre de la calle es uno, múltiple y contradictorio, que no sólo está de acuerdo y en desacuerdo, simultáneamente, acerca de una misma cosa, sino que discute rabiosamente consigo mismo sin llegar nunca a una conclusión definitiva..."

El hombre de la calle me exaspera. No puedo comprender esa lógica sin sentido de la masa que tira para cualquier lado, dependiendo la dádiva o el discurso. El hombre de la calle es ese viejito de 86 años que me cuenta -como lo más natural del mundo- que votó a Bussi en el 2003 y que volvería a hacerlo "para que no haya tantos vagos en las calles como ahora".
El hombre de la calle es precisamente la verdulera Doña Marta, que mientras me hace precio por el kilo de frutillas me dice que "la policía tendría que matarlos a todos estos drogadictos que andan de noche y me ensucian la vereda". Es ese mismo hombre, la chica de la fotocopiadora que me pregunta sobre unas fotos de las que pido copias, fotos de un homicidio: "Pobre chica, ¿qué le pasó?", a lo que respondo "asaltó al taxista y éste volvió a buscarla con un arma...", "Ja! bien merecido se lo tiene, así van a aprender estos chorros hijos de puta."

Ese ser abstracto y omnipresente determina que una ley, con apoyo popular, se promulgue sin saber siquiera el contenido. Se transforma en juez y verdugo en los casos resonantes cuando no sabe siquiera qué fue lo que pasó. Tiene la intuición de que todo tiene que ser así sin fundamentos, o peor aún, con fundamentos contradictorios y falacias diversas.
Así que este blog es para todos, menos para el hombre de la calle. Y de vez en cuando, cuando le de curiosidad (como creyendo que este espacio es un reality show como los que habitualmente alimentan su sed de morbosidad y vacíos existenciales) y quiera saber qué es lo que escribe Alfonsina desde el fondo del mar y ahogada en sus locuras, se rasgará las vestiduras y entenderá que desde aquí se apoyan causas perdidas e inverosímiles para él, pero vivas para muchos otros.

"Me gustaría saber qué es lo primero que piensa esa criatura incomprensible cuando despierta. Siempre he creído que la mejor manera de conocer a un hombre es preguntarle, en el instante en que abre los ojos, y todavía con  la cabeza en la almohada , en qué está pensando. Si alguien me resolviera esa duda, con respecto al hombre de la calle, obtendría para este predio una ventaja que no la tendría otro ninguno en el país. El hombre de la calle, ignorante de que tiene ese secreto, probablemente exclamaría al leer esta sección: `Caramba, me gustaría saber en que piensa el tipo que escribe esto, en el instante en que despierta...´

10 de octubre de 2009

EL DINERO NO ES TODO PERO...

Las negociaciones siempre se me dieron fáciles. Puedo estudiar estrategias para casos complejos y delirarme con posibilidades procesales, teorías filosóficas que pretendo que los jueces entiendan, apliquen y sientan propias. No le tengo miedo a los desafíos, lo único que puede llegar a frenarme son las objeciones de conciencia, las que surgen sin que yo pueda hacer nada para detenerlas.

Sin embargo el mayor inconveniente en esta lucha por el ejercicio libre de la profesión lo encuentro al momento de cobrar a la gente. "Mi marido está internado y tuve gastos inesperados", dice la viejita con aspecto frágil y con lágrimas en los ojos. "Yo le voy pagar pero justo me surgió un inconveniente, la semana que viene...", me explica el padre de un detenido en el penal. "Desde que mi padre se suicidó pegándose un tiro en la cabeza me cuesta conseguir toda la plata, tengo tantas deudas...". En esos patéticos y manipuladores momentos me quedo paralizada. Y cedo unos días más, que se transforman en semanas, y de repente me surge este embole potenciado en cien millones de deudas que el Sr. Visa me manda por correo, y me siento una total y completa estupida.

En fin, hoy tomé una firme decisión de hacer valer mi trabajo y llamé a mis deudores sin aflojar un ápice, con tono de voz firme y directa... me siento como el banco francés. Como diría mi abuelo: gajes del oficio.